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03
Ago
17

Animus criticandi: La Guerra del Planeta de los Simios

¿Cuáles son los ingredientes que debe tener un buen entretenimiento fílmico de calidad? Un guión medianamente sólido, protagonistas carismáticos, momentos de tensión o coreografías de acción y espectáculo acompañado por unos elevados valores de producción y envuelto en una narración visual contundente. Grosso modo estos podrían conformar los atributos más destacables para que una película comercial sobresalga sobre la media de blockbusters estrenados a lo largo de un año. La Guerra del Planeta de los Simios, por fortuna, respeta algunos de estos elementos.

El simio César (Andy Serkis), tras erigirse líder de la rebelión primate y salvar a su pueblo de la destrucción, ha convertido a los simios en la especie dominante tras el virus que exterminó a la raza humana. Los primates decidirán partir de su asentamiento en los bosque a la búsqueda de un lejano valle donde comenzar de nuevo. Pero antes, César, cegado por el odio y la venganza, saldrá a la caza de un enajenado y brutal Coronel (Woody Harrelson) de la facción más radical de la resistencia humana, su enfrentamiento tendrá lugar mientras la raza humana y los primates se juegan su futuro.

Estamos ante un buen cierre para una saga que, personalmente, resultó una sorpresa allá por el 2011 con El Origen del Planeta de los Simios. Muchos destacaban los valores técnicos, pero sus bondades, bajo mi prisma, eran mucho mayores, como un guión bien construido, el nacimiento de un excelente personaje como César y contado sin recurrir a los clichés del blockbuster. Tras el éxito de la primera película, vimos en El Amanecer del Planeta de los Simios (2014) como el frágil equilibrio entre los simios y humanos se destruía sin vuelta atrás, película que apostó por una mayor factura técnica.

Esta trilogía que retoma el universo de El Planeta de los Simios se ha convertido en una saga muy estimable, digna y respetuosa también con el material fílmico de Franklin J. Schaffner. Una rareza que durante su desarrollo no se haya pervertido.

El artífice de este cierre, y de la anterior entrega, es Matt Reeves, curtido como guionista para la productora de J.J. Abrams, se destapó como un realizador a seguir con la estimulante Monstruoso (2008), su segundo largometraje. En La Guerra del Planeta de los Simios demuestra capacidad para dominar la espectacularidad de la acción con otros más íntimos construidos sin diálogos (el primer encuentro entre el orangután Maurice y la niña que les acompañará sirve como ejemplo). Además, se permite referenciar a La Gran Evasión o Apocalypse Now, con más en común con esta última.

Nunca me convenció, a nivel visual y técnico, El Origen del Planeta de los Simios, se veían limitaciones principalmente en la integración de la captura de movimiento junto con los escenarios reales o el detalle de los simios. La Guerra del Planeta de los Simios, gracias a la experiencia adquirida por Andy Serkis, convertido en experto y referencia mundial en captura de movimiento, y a Weta Digital, supone un salto hacia delante a nivel tecnológico. A pesar de una abundante presencia de elementos generados por ordenador no llega a ser intrusiva o excesiva.

Cuando llega el momento de poner sobre la mesa lo menos bueno de La Guerra del Planeta de los Simios, entramos en las deficiencias de las películas comerciales, aquí hay puntos en común con los blockbusters habituales en las carteleras. Escenas alargadas de forma totalmente innecesaria cuando en esta historia no hay tanto que contar; centrándonos en el guión, vemos concesiones al espectador, acciones que parecen sacadas de la manga (la niña entrando en el campamento de los militares) o efectismos propios de este tipo de producciones.

Dicho esto, La Guerra de el Planeta de los Simios supera el corte y es digna como para pagar una entrada y disfrutarla en una sala de cine.

23
Jul
17

Animus Criticandi: Dunkirk (2017)

 

Cada nueva película de Chistopher Nolan se convierte en un evento global. Mientras otros directores o guionistas luchan por encontrar financiación para sus historias, Nolan se basta él solo para producir sus películas y, si le apetece, emplear un método de grabación tan exclusivo y específico como el IMAX.

Muy pocos directores, en un ámbito comercial, han alcanzaron tal repercusión en tiempos recientes, quizás Spielberg o Tarantino, son capaces de convertirse en el foco de atención de sus películas, al igual que Nolan.

Tras el viaje Interestelar (aquí la crítica), Nolan regresa a la Tierra para ambientar en la Segunda Guerra Mundial un thriller bélico durante la semana que las tropas británicas quedaron atrapadas en la playa de Dunquerke a merced de los bombardeos de la aviación alemana y sin posibilidad de retorno. La narración para este hecho histórico que propone Nolan se construye en tres capítulos identificados al comienzo del filme: la infantería atrapada en la playa de Dunquerke, los civiles que acuden al rescate por mar y la lucha de la RAF en el aire contra los bombarderos nazis.

La acción se desarrolla a lo largo de los tres capítulos mediante una estructura fragmentada. Cada uno tiene su propio desarrollo temporal lo que le permite a Nolan jugar con una de su señas de identidad predilectas, saltos temporales a través del montaje paralelo. Pero hay una diferencia relevante que diferencia a Dunkirk de sus obras anteriores y es la falta de explicaciones desaparecen casi por completo los diálogos expositivos de las reglas del juego narrativas  porque la construcción de la historia y el carácter de la misma lo impiden, deja que fluya la narración; apenas importa el pasado de los personajes, solamente preocupa sobrevivir y regresar a Inglaterra.

El guión, escrito por el propio Nolan, es uno de los más sólidos de su filmografía en mucho tiempo. Poco se podría discutir sobre si existen decisiones erróneas, controvertidas o evidentes agujeros de guión, porque funciona como una maquinaria perfecta dentro de la propuesta que realiza.  Desprovista de intenciones grandilocuentes o transcendentales, Dunkirk sitúa al espectador frente a la supervivencia de la infantería en la playa, las batallas aéreas con los Spitfires dando caza a los aviones nazis y junto los civiles que cruzaron el canal para rescatar a los soldados.

Todos estos elementos se conjugan en pantalla con una puesta en escena irreprochable, que demuestra la predilección que tiene Nolan por filmar toda la acción posible en cámara, sin añadidos digitales. Vemos como las explosiones, el hundimiento de los barcos, los soldados escapando en el mar, la lucha aérea, etc. todo ello parte de escenarios y elementos reales. Además, sumado a la dificultad técnica y logística intrínseca de esta decisión, el grueso de Dunkirk se captó con cámaras IMAX, tremendamente voluminosas y que dificultan los movimientos de cámara. El trabajo ejecutado por Hoyte Van Hoytema, el director de fotografía y las composiciones de imagen ideadas por Nolan, omiten cualquier atisbo de pesadez en el aspecto visual. Una lástima no tener la oportunidad de disfrutarla en IMAX para contemplar en todo su esplendor las enormes panorámicas generales de los soldados en la playa o de los combates aéreos.

Tras todo esto, cuando termina la película, uno no puede negar que ha disfrutado de la acción y de la propuesta bélica fragmentada de Nolan, es una buena película pero más allá de ello me deja algo frío. Me explico. Si comparamos Dunkirk con Interestelar, a pesar de su comienzo, siendo sinceros, infumable y decisiones cuestionables hacia el epílogo del filme, a nivel personal me entusiasmó más que Dunkirk. Reconozco que esta decisión viene motivada por la elección del tema para a película, un suceso histórico de la manida Segunda Guerra Mundial cuyo final, además, es bien conocido, no permite tanto margen de giros y sorpresas que sí se podría dar en un episodio desconocido o en una historia original.

Viajes interestelares sobre teorías astrofísicas frente a reconstrucciones de episodios célebres en la Segunda Guerra Mundial, francamente yo me decanto por lo primero.

Dicho esto, Dunkirk parece que se va a convertir en la película que encumbre a Nolan, todavía más, aunque en esta ocasión con una unanimidad crítica y de público que no había visto en sus obras anteriores.

 

02
May
17

Animus criticandi: La Bruja (2015)

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Muchos espectadores se sentirán defraudados y/o engañados tras el visionado de La Bruja, es lógico, tantos filmes que formulan narraciones convencionales adscritas a los códigos del terror ha provocado que el espectador medio se acomode a una forma de cine previsible rechazando cualquier otra propuesta que se aparte de las narrativas o argumentos que pueblan las carteleras. Directamente son incapaces de soportar una película que con una realización sencilla (que no simple) y sin artificios narra una leyenda alejada de cualquier tópico del género de terror y la fantasía para acercarse al drama psicológico.

La Bruja ambienta su historia en la Nueva Inglaterra del XVII y narra la historia de una familia de puritanos ingleses que son expulsados, por conflictos religiosos, de la colonia donde habitan. A partir de ahí deciden instalarse en una remota granja situada frente a un imponente bosque donde reside un mal desconocido. Sucesos extraños comenzarán a tomar parte en la historia y pondrán a prueba la inquebrantable fe de la familia.

La película no pretende jugar con el espectador ni crear misterio sobre qué reside en el bosque, desde los primeros minutos ya sabemos qué ocurre. El director sitúa el foco dramático y el grueso de la historia en cómo los sucesos extraños: la desaparición del bebé, las cosechas perdidas, el comportamiento de los animales,… todo dispara la paranoia de una religiosa familia donde su fe trata de encontrar explicación a estos hechos. Mientras, el principal blanco de la paranoia, será su hija, una incipiente adolescente.

Uno de los aspectos más brillantes de La Bruja, al menos para el que escribe,  se encuentra en la capacidad del director para enmarcar los sucesos paranormales dentro de la cotidianidad de su vida diaria, uno de los factores que hace destacar a La Bruja por encima del resto de cintas de terror americano. La solución planteada por el director entronca con las numerosas críticas en prensa y publicaciones especializadas que encuentran relación entre La Bruja y el cine de Michael Haneke. Podría parecer exagerado pero nada más lejos de la realidad, La Bruja, al igual que las películas de Haneke, ofrece un ambiente crudo y una aproximación hacia el mal y sus consecuencias.

En el caso de La Bruja, un mal desconocido de carácter paranormal hace brotar los reproches, las mentiras y, en definitiva, como en la obra de Haneke, el miedo. Y Robert Eggers, el director, huye de cualquier efectismo o concesión en la reconstrucción la durísima vida diaria de los puritanos ingleses del siglo XVII. La suma de una realización sobria, heredera del estilo europeo, acompañado por una cinematografía naturalista dominada por tonos apagados, un excelente casting y dirección artística, logran transmitir un ambiente malsano y desasosegante.

Pero más allá de la atmósfera recreada y otros excelentes valores puramente cinematográficos, La Bruja es una brillante reconstrucción sobre el papel de las leyendas a modo de elemento fundamental capaz de dar sentido a sucesos inexplicables ocurridos lejos de los espacios geográficos conocidos, como en este caso, los acontecimientos originados en el bosque que rodea su granja. Así, La Bruja funciona como una narración realista de una leyenda sobre brujas y, por otro lado, ilustra el verdadero sentido del folclore como una vía para interpretar la realidad.

07
Mar
16

Animus criticandi: ¡Ave César! (2016)

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Tras Inside Llewyn Davis (2013), Joel y Ethan Coen regresan a la comedia con ¡Ave César! ambientada en el Hollywood de los años 50, en la Edad de Oro de los estudios, mientras se rueda una superproducción sobre la vida de Cristo protagonizada por la gran estrella Baird Whitlock (George Clooney) hasta que esta es secuestrada. A partir de aquí seguiremos las frenéticas 24 horas de Eddie Mannix (Josh Brolin), el solucionador del estudio y hombre profundamente religioso, encargado de que la producción llegue a buen puerto, además de lidiar con los problemas que surgen en el resto de rodajes llevados a cabo por Capitol Pictures, los que recuerden Barton Fink (1991) les sonará este nombre.

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¿Quién es Dios? Esta es la pregunta que Eddie Mannix lanza al consejo formado por la cúpula de los cuatro credos mas representativos para la sociedad americana. La idea de esa reunión es conocer si en el guión de ¡Ave César! se encuentran elementos erróneos sobre la representación de Cristo en la pantalla y  si es posible llegar a una conclusión unánime sobre su figura. La situación derivará en una discusión sobre qué representa el Mesías para cada religión con los diálogos marca de la casa cargados de sátira y fina ironía. Este ejemplo marca el tono de toda la película, la apuesta por el humor a base de ingenio y las dobles lecturas frente a la carcajada del gag, como sí ocurría en sus anteriores comedias: Crueldad Intolerable (2003), Ladykillers (2004) o Quemar después de leer (2008), por supuesto, no descuidan las situaciones estrepitosas y casi surrealistas que siempre han dominado sus comedias.

En el desarrollo de la historia principal, la búsqueda de la estrella secuestrada, surgen subtramas donde los secundarios se enfrentan a las dificultades surgidas durante las filmaciones, permitiendo a los Coen reconstruir de forma paródica el comportamiento de los estudios y de sus estrellas. Por ejemplo Ralph Fiennes que encarna a Laurence Laurentz, un afamado director de dramas, que deberá soportar, por exigencia del estudio, a la estrella de los westerns Hobbie Doyle (Alden Ehrenreich) un actor incapaz de articular correctamente una línea de diálogo o DeeAnna Moran (Scarlett Johansson) la cual tendrá un problema con su embarazo por su condición de mujer soltera.

Los Coen no se centran exclusivamente en los comportamientos de las estrellas, esa parodia llega inclusive hasta las propias películas. La superproducción de romanos protagonizada por Baird Whitlock tiene a Ben-Hur (1959) como referencia más directa, Hobbie Doyle protagoniza westerns que homenajean a la serie de El Llanero Solitario  y a los westerns en color de John Ford, también las películas acuáticas de Esther Williams y los musicales de Gene Kelly. Lo mejor de esas recreaciones es el elevado grado de detalle para que resulten lo más fieles posibles. Un ejemplo muy claro lo tenemos al comienzo de la película, en el rodaje de ¡Ave César! la iluminación dispuesta en el set de rodaje, que incluso un plano nos deja ver los focos, hace que sea un calco perfecto de la fotografía original que tenían muchas de las películas de romanos, la mencionada Ben-Hur, Quo Vadis (1951), Espartaco (1960) o La túnica sagrada (1953).

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Esa representación que realizan los Coen sobre los estudios y Hollywood es también un lugar donde las estrellas ocultan comportamientos, sexuales o políticos, considerados en la época indecentes y/o ilegales como la homosexualidad o el comunismo. Un exquisito e intencionadamente hortera número musical, protagonizado por un sorprendente Channing Tatum, caricaturiza la homosexualidad latente que existía en esos bailes y canciones. Por otro lado la causa comunista en plena “caza de brujas” tiene un peso clave en el avance de la trama principal, pero me detengo aquí para no realizar más spoilers.

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¡Ave César! tiene un único problema y es la sensación de levedad e intrascendencia que transmite una vez terminada la película, a pesar de tratar temas de calado y narrarlo con la maestría habitual. Bajo mi punto de vista, el causante puede estar en la propia concepción del filme y que provoca esa sensación tras su visionado, porque no estamos ante un fallo de guión o unos personajes planos.

Como consecuencia debemos dejar a ¡Ave César! fuera de las otras grandes películas de los hermanos Coen.

 

 

 

10
Feb
16

Animus criticandi: The Revenant (2015)

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Hace un año, más o menos, Birdman (2014) mostraba el excelente momento creativo de Alejandro González Iñárritu, certificado por cuatro Oscars (mejor fotografía, guión, director y película) y se intuía un apasionante futuro de nuevos proyectos, pues bien, su nueva película no hace sino dejar claro que en Hollywood, actualmente, hay muy pocos como él.

Antes de comenzar cualquier análisis conviene decir que, tras ver toda la filmografía del director mexicano, The Revenant ofrece las señas de identidad más importantes de su cine, por ejemplo el sufrimiento humano (explorado ampliamente en Amores Perros, 21 Gramos, Babel  o Biutiful) así como la pericia técnica desplegada en Birdman con el serio respaldo de Emmanuel Lubezki, por lo que rompe definitivamente con esa imagen feísta de sus primeros trabajos.

Desde mucho antes del estreno de The Revenant se sabía que el argumento no iba a ser el más original del mundo: Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador, y su hijo mestizo participan en una expedición de tramperos a la búsqueda de pieles, hasta que el ataque de una osa le deja gravemente malherido y en su agonía es abandonado por su compañero John Fitzgerald (Tom Hardy), el dolor y las ansias de venganza le permitirán sobrevivir para consumar su objetivo. Huelga decir que ahí no está su genialidad, esta reside en la aproximación a la acción, visceral y sin concesiones, haciendo el uso más inteligente de los efectos digitales y visuales que he visto en mucho tiempo. Al igual que en Birdman la cámara navega entre las escenas perfectamente coreografiadas realizando complejísimos movimientos: planos secuencia, travellings, grandes planos generales y primerísimos planos de los actores, esto último añade una sensación de tridimensionalidad y cercanía redondeada por dos interpretaciones magistrales a cargo de DiCaprio y Hardy que confluyen en un desenlace maravilloso.

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En medio de tanta dureza hay espacio para momentos líricos llenos de carga simbólica que homenajean a Andrei Tarkovsky o Terrence Malick. Curiosamente, debido a la naturaleza de la narración, estos momentos podrían no haber funcionado pero están escogidos con precisión y surgen desde los recuerdos, alucinaciones o ensoñaciones del protagonista por lo que tienen sentido dentro del conjunto de la película.

THE REVENANT Copyright © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation. All rights reserved. THE REVENANT Motion Picture Copyright © 2015 Regency Entertainment (USA), Inc. and Monarchy Enterprises S.a.r.l. All rights reserved.Not for sale or duplication.

Si a través de la realización y las interpretaciones logra sumergirte en ese sufrimiento, seguro que si no hubiese sido filmada en remotos parajes naturales el resultado hubiese sido muy diferente. The Revenant recupera la tradición que Hollywood desterró tras esa generación de cineastas que revitalizó a una industria moribunda, hablo de Michael Cimino, Francis Ford Coppola, William Friedkin, etc. Y me refiero a esos complejos rodajes en exteriores con poco control donde se obtienen unos enormes beneficios a nivel artístico.

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Si no lo había hecho con anterioridad ahora no hay dudas, Emmannuel Lubezki, el director de fotografía, entra de lleno en la historia del cine, así de simple, la belleza de las imágenes iluminadas exclusivamente por la luz natural hace que el cine digital dé un paso adelante uniendo el enorme grado de detalle, que se obtiene con las nuevas cámaras, al innegable logro estético que supone. Hay más magia en un diálogo entre dos personajes a la luz de una hoguera que en cualquier blockbuster reciente inflado de efectos digitales.

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Y ya para terminar, me gustaría hacer un comentario sobre la valoración común de las críticas menos favorables hacia The Revenant, en ellas se dice que es una película con una factura técnica brillante y de bellas imágenes pero que no logra contagiar emoción, sin duda un argumento inútil para valorar una película, emplear una cualidad tan subjetiva con la intención de no profundizar más en las causas de por qué el filme no gusta demuestra una dejadez preocupante. Mi consejo es que no les hagan caso y vayan a verla.

21
Dic
15

Animus criticandi: Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza (2015)

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*Crítica sin spoilers

La originalidad al poder, tirando de ironía este podría ser el título de la crítica sobre la última y esperadísima entrega de Star Wars. Porque más allá de un guión pobre, un casting inadecuado y el resto de defectos que se puedan extraer, su pecado más grave es la falta de originalidad con la excusa de la nostalgia.

La historia se sitúa treinta años después de los sucesos del Episodio IV, la victoria de la Alianza Rebelde sobre el Imperio y la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte. De nuevo la Galaxia se encuentra en guerra contra la Primera Orden, una organización surgida de las cenizas del Imperio, con el objetivo de eliminar la nueva República. Durante el desarrollo de la historia seguiremos a nuevos personajes que se sumarán a la Resistencia encabezada por los héroes de antaño Leia Organa, Han Solo o ChewbaccaPoe Dameron (Oscar Isaac) un piloto de caza en la búsqueda de pistas sobre el misterioso paradero de Luke Skywalker,  BB-8, un androide rodante (el R2-D2 de la nueva generación), Rey (Daisy Ridley), una chatarrera del planeta desértico Jakku (sospechosamente similar a Tatooine) y Finn (John Boyega), un desertor del ejército imperial. Todos tratarán de acabar con la nueva amenaza.

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El transcurrir de la película no nos va a dar información sobre esa nueva República amenazada por la Primera Orden, desconocemos el porqué está tan intimidada como para necesitar de una Resistencia o, por ejemplo, quién es el Canciller, nada, tan solo se ofrecen unos cuantos planos que muestran un suceso que les ocurrirá a los cuatro planetas que conforman la República.

Las muestras de falta de ideas comienzan pronto y para sorpresa de todos la Primera Orden no tiene una Estrella de la Muerte, sino un planeta entero convertido en una base militar con un nuevo rayo mortífero, así que por tercera vez los malos de Star Wars vuelven a intentarlo con una estructura similar a la Estrella de la Muerte, para que la Resistencia se vea en la obligación de destruirla encontrando su punto débil. A partir de aquí la película, agonizante, muere. Toda la culpa la tiene un guión donde predominan situaciones copiadas y pegadas de la primera trilogía, una falta de explicaciones alarmante sobre el contexto político y un baile de secundarios que parecen pulular por la historia en función de los intereses de los guionistas.

Star Wars: The Force Awakens Captain Phasma (Gwendoline Christie) Ph: David James ©Lucasfilm 2015

Es cierto que a nivel técnico y como se espera de este tipo de superproducciones no hay queja y aunque J.J. Abrams no es santo de mi devoción realiza una buena labor llevando la película con mucho ritmo, realizando composiciones paisajísticas muy logradas (que apenas duran 5 segundos antes de pasar a otra toma), así como elaborados movimientos de cámara durante las escenas de acción. En cambio, esta pericia técnica viene acompañada por una enorme falta de emoción y de sensación a déjà vu. Ni los duelos a sable láser, ni mucho menos el nuevo villano Kylo Ren logran emocionar a este humilde fan de Star Wars. A partir de este punto es donde irremediablemente deben entrar las comparaciones con las anteriores películas, en concreto con la nueva trilogía.

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La respuesta es que el Episodio VII no representa ningún salto de calidad ni de avance en el universo Star Wars, un universo inmenso donde se pueden crear historias casi sin querer, otra cosa es que Disney te lo permita. Tanto el Episodio I: La amenaza fantasma (1999) o el Episodio III: La venganza de los sith (2005) son grandes expansiones del universo Star Wars. Por razones obvias dejamos el Episodio II: El ataque de los clones fuera de la comparación siendo la película de Abrams muy superior a la fallida entrega del año 2002. Pero volviendo a lo que nos ocupa, si escogemos como objeto de comparación el Episodio I, vemos que dispone de una historia y un guión mucho más redondo: se aclara el contexto político del conflicto, las relaciones y las motivaciones de los personajes están muy logradas y abundan los elementos que enriquecen la película y por extensión de todo el universo Star Wars: las carreras de vainas, los droides, Coruscant, Darth Maul y el sable láser de doble hoja, etc. Para mí no hay duda, es superior al Episodio VII y lo mismo ocurre con La venganza de los sith.

Ahora ya es tarde, pero mi deseo inicial al conocer que llevarían otra vez el universo Star Wars al cine era que, por lo menos, superasen los errores cometidos por George Lucas en la anterior trilogía, es decir, un excesivo predominio de los efectos digitales o la desidia en la realización y dirección de actores y que las nuevas entregas integrasen novedades importantes estableciendo los pilares para una fructífera saga. Ni una cosa ni la otra, el Episodio VII representa una desilusión.

 

 

 

 

 

28
Jun
15

Ánimus criticandi: It Follows (2015)

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“Está justo detrás de ti

René Philippe Vilmont, vidente televisivo.

Se puede afirmar que el cine de terror, junto a la ciencia-ficción, siempre ha gozado de buena salud frente a otros títulos de género, véase el western. Actualmente, la tendencia del horror es recuperar todos los elementos anteriores, impulsados por la nostalgia de un pasado mejor y seguramente más original, con la idea de componer pastiches donde el terror psicológico se mezcla con el gore o lo sobrenatural y los “hechos reales” logrando franquicias rentables; las interminables sagas de Saw y Paranormal Activity así lo demuestran. Por otra parte, conviene ser justos, el cine de terror siempre se ha caracterizado por producir interminables secuelas desde Pesadilla en Elm Street (1984), Poltergeist (1982), Viernes 13 (1980) o Halloween (1978). Así, ante esta situación, queda poco margen para crear un filme de terror original y para ello tendremos que acudir, como siempre, al cine independiente. Ese es el caso de It Follows (2015).

It Follows parte de una propuesta claramente referencial para, finalmente, proponer un filme de terror lejos de los manidos modelos anteriormente comentados.

David Robert Mitchell, el director y guionista, ambienta su historia en los mundanos barrios residenciales de la decadente Detroit donde la protagonista, tras mantener su primer encuentro sexual, recibirá una maldición que le hará ser perseguida por seres caminantes hasta la muerte y la locura, salvo que la transfiera a través de otro acto sexual.

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En manos de otro director podría haber resultado un slaher clásico y bochornoso, lleno de clichés: la ambientación en los suburbios, protagonistas adolescentes, la primera experiencia sexual, el grupo de amigos como espectadores confusos ante los sucesos de la protagonista,… pero es en la puesta en escena donde Robert Mitchell marca la diferencia.

La atmósfera está envuelta en un ambiente atemporal, en ningún momento se aclara la época. Detalles como los vehículos, los televisores o ciertos elementos del hogar nos retrotraen a los setenta y ochenta, aunque a diferencia de los referentes estéticos y cinéfilos de esa época, Mitchell, huye de los tratamientos irónicos y humorísticos hacia lo poético y reflexivo.

El comienzo, con un fabuloso plano secuencia filmado con una panorámica de 360º, demuestra el tono que predominará en el resto del filme. Por ejemplo el uso del zoom, que acentúa la sensación de amenzaza y seguimiento constante hacia los personajes, simulando puntos de vista o acercamientos, todo ello dentro elaborados planos secuencia. Además, el empleo de angulares cerca de los actores, lo que nos permite contemplar los fondos y estar alerta ante la posible presencia de los perseguidores de la protagonista. Y una iluminación cuidadísima donde destaca la de los interiores nocturnos.

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Con apenas 2 millones de dólares, muy poco dinero para los estándares americanos, logra camuflar todas las deficiencias presupuestarias a base de saber hacer y sin el predominio de efectos visuales, manteniendo una tensión constante y escasos golpes de efecto muy bien medidos sin recurrir a los clásicos sustos. Sin duda me recuerda a la excelente Déjame Entrar (2008), aunque esta última es superior.

Sorprende también que el grupo de actores, sobre todo la protagonista, encarnada por Maika Monroe, siendo tan jóvenes y llevando el peso de la película realicen un trabajo tan consistente basado en unos personajes inteligentes y creíbles, en las Antípodas de los tópicos del género, ya sabéis, el jugador de fútbol americano, la chica más popular del instituto y el negro gracioso que va a morir al comienzo.

It Follows es cine de terror inteligente y estimulante, hará la delicias de los aficionados al cine de terror y para aquellos que no lo clasificamos en categorías tan estancadas es una cinta muy interesante que pondrá a David Robert Mitchell, con mucha justicia, en el escaparate hollywoodiense.

29
May
15

Animus criticandi: Mad Max: Fury Road (2015)

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Uno siempre es escéptico cuando se anuncian nuevos reboots de sagas conocidas o de cintas icónicas con su pequeño espacio en la historia del cine. El anuncio de una nueva entrega de Mad Max, tras años de rumores, me despertaba dudas sobre el resultado final, ni siquiera saber que George Miller, el mismo director de las tres entregas anteriores, tomaba las riendas logaraba calmar mis dudas, sobre todo teniendo en mente el bajón de calidad que supuso Mad Max III: Más allá de la cúpula del trueno (1986) frente a las dos primeras. Estos prejuicios han mutado tras el visionado de Mad Max: Fury Road, la mejor entrega de la saga y un blockbuster ejemplar.

La base del argumento es bastante similar a Mad Max II: The Road Warrior (1981). Max Rockatansky (Tom Hardy) que continúa sobreviviendo en solitario, tras una serie de sucesos, se encuentra con un grupo de personajes, en este caso mujeres confinadas a la reproducción y recluidas en la ciudadela gobernada por el tirano Imortan Joe y encabezadas por Imperator Furiosa (Charlize Theron), intentarán escapar de la ciudadela hacia un lugar mejor. A pesar de la misantropía y el carácter solitario de Max las situaciones le obligarán a colaborar con esos personajes.

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Esta epopeya se desenvuelve en un ambiente puramente madmaxiano, permitidme la expresión, es decir, persecuciones a través de las tierras desiérticas y baldías, conduciendo vehículos gigantes con enormes motores V8 a toda velocidad, carrocerías modificadas de manera grotesca, explosiones, pesonajes desagradables y mentalmente inestables, accidentes, violencia… Todo los códigos de Mad Max pero elevados a la enésima potencia. Mad Max: Fury Road transmite la sensación de ser lo que siempre quiso realizar George Miller pero el presupuesto y los medios técnicos no se lo permitían. Estamos ante un universo expandido, no es una simple continuación, sino que ofrece una visión más amplia de lo mostrado en anteriores entregas, con un ambiente invadido por la locura y mucho más degradado.

El guión demuestra una solidez sorprendente para este tipo de género, no hay una profusión en los diálogos con la idea de desarrollar los personajes y que el progreso de la trama se produzca a medida que avanza la acción que tiene lugar en la pantalla, como la propia persecución. Está tan bien pensado que convierte la fuga que realizan Imperator Furiosa junto con Max, y sus dementes perseguidores encabezados por Inmortan Joe, en un escenario más de la película con el objetivo de emplazar la acción entre todos esos impresionantes vehículos.

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El veterano George Miller demuestra una pericia envidiable para filmar este tipo de películas, que son difíciles, dando una lección a las nuevas generaciones de cómo se debería filmar cine acción de espíritu artesanal combinado con un gran presupuesto. Lo logra gracias a una puesta en escena soberbia, llena de brío, marcado por el ritmo de la amenazante “score” de Junkie XL; siempre en movimiento, casi todo rodado en escenarios reales y sin el predominio de los efectos digitales sobre lo que la cámara está filmando, pero inteligentemente integrados y reservado en las tomas que son imposibles para los especialistas.

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Tanto Charlize Theron como Tom Hardy cumplen con creces sus respectivos papeles y demuestran química entre ellos  -a pesar de los conflictos que mantuvieron durante el duro rodaje- . Hardy, parco en palabras y escueto en gestos, homenajeando al Max de Mel Gibson y Charlize Theron como Imperator Furiosa capaz de robar protagonismo a Max durante buena parte del metraje.

FURY ROAD

Desde su estreno, ha surgido un debate sobre la temática y la supuesta militancia feminista de Mad Max: Fury Road, con las habituales polémicas estúpidas. Es cierto que la mujer tiene un peso clave en la historia y está reflejada como el contrapunto a unos hombres degradados, dementes, gobernando un mundo arrasado y que llevan la muerte consigo; en cambio, ellas son capaces de dar vida y han estado sometidas a Inmortan Joe y a sus esbirros, todos hombres, por eso toman la arriesgada decisión de huir en busca de un lugar mejor. No voy a profundizar en el tema de la polémica, porque es una crítica y no un artículo sobre un tema concreto de la película, solamente diré que, cuando la veáis, observaréis un discurso mucho más universal de lo que parece: no deja de ser la historia de un grupo de seres humanos huyendo del terror y la opresión hacia un lugar más libre donde reine la esperanza, en un mundo que carece de ella, todo ello sin traicionar el espíritu de Mad Max. Podría haber introducido esos aspectos con la intención de modernizar su universo de cara a la galería, pero no, cobra todo el sentido del mundo dentro del film. Incluso es interesante que un blockbuster multimillonario incite a este tipo de debates y se aproxime a la historia desde una óptica diferente.

Seguramente os preguntaréis, ¿y lo menos bueno? Pues aunque anteriormente no haya remarcado los errores o lo que me disgusta, no lo considero tan relevante porque la saga Mad Max nunca ha aspirado a ser una serie de películas perfectas y esta última entrega tampoco lo pretende. Continúa apostando por el montaje, deliberadamente, atropellado, tosco y que combina aceleración y ralentización de las imágenes, o ciertas soluciones visuales que no son las más adecuadas. De todos modos, no empañan una sobresaliente y espectacular cinta de acción que merece ser vista en la pantalla más grande posible.

10
May
15

Animus criticandi: Qué difícil es ser un Dios (2013)

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La obra homónima de los hermanos Arkadi y Boris Strugasky -también autores de la novela Picnic al borde del camino, adaptada libremente por Andei Tarkosvky en Stalker (1979) . Le sirve  al fallecido Aleksei German, después de trece años de creación, para estrenar de manera póstuma una obra durísima sobre la tiranía y lo peor de la condición humana.

La película se ambienta en el planeta Arkanar, cuya sociedad está anclada en un periodo histórico similar a nuestra Edad Media. Un lugar donde reina la tiranía, la insalubridad, las injusticias; en definitiva, lo más abyecto. Allí está Don Rumata, uno de los científicos terrícolas que han sido enviados al planeta como observadores imparciales durante la evolución de la sociedad hacia su “particular” Renacimiento. Mientras, Rumata está considerado por muchos como el hijo de Dios, no todos creen en él pero le temen de igual manera.

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Construida mediante largos planos secuencia, Aleksei German, nos lleva a rastras al hediondo fango del planeta Arkanar. La imagen, en un fuerte y constrastado blanco y negro, está en constante movimiento gracias a una cámara libre -como si de un reportaje se tratase-  que circula entre los primerísimos planos de la maraña de los caóticos personajes que pueblan cada escena. Imágenes captadas con grandes angulares que acerca, casi físicamente, ese inframundo. El sonido, grabado previamente en estudio, juega un papel muy importante, conformando un collage de chapoteos, golpes metálicos, lluvia, fuego, sonidos orgánicos, etc.

German logra una película hipnótica durante sus casi tres horas, una experiencia que mejora en pantalla grande. No es necesario el 3D para impregnarte del ambiente, basta con el constante acompañamiento que realiza la cámara a Don Rumata, o los personajes que pululan por las escenas, lanzando constantes miradas cómplices a la cámara como si el director quisiese instar al espectador a reflexionar sobre el terrible espectáculo que está observando.

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Desde aquí, sólo puedo alabar la valiente y extrema puesta en escena, terriblemente cruda: grandes decorados de inspiración medieval, empapados de agua y deteriorados; cuidados hasta al más mínimo detalle. Además, cada secuencia está perfectamente coreografiada, a medida que la cámara se mueve, numerosos personajes entran y salen de plano, o simplemente mientras la escena avanza, el resto de extras o figurantes cruzan delante de la cámara. Una composción de secuencias que recuerda a las pinturas de Peter Brueghel “El Viejo” con la imaginería grotesca de El Bosco.

Esa puesta en escena tiene otra inspiración muy evidente, Andrei Tarkovsky. La presencia constante de los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego) y la época en la que se ambienta, sumado al uso que hace del blanco y negro, nos retrotrae al siglo XV de la grandiosa Andrei Rublev (1966). Y es que la obra de Tarkovsky fue demasiado grande como para no influir a los cineastas rusos, tanto sus contemporáneos, el caso del fallecido German, como de los venideros.

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En 1964, año del lanzamiento de la novela. Los Strugasky realizaban una crítica al estalinismo -los dos autores, sobre todo Arkadi, vivieron de cerca ese periodo- La obra original ejecutaba un paralelismo entre la oscuridad de ambas épocas: la Edad Media y las persecuciones durante el estalinismo. Ahora, cincuenta años después, la película, que conserva la misma carga de crítica política, religiosa y social, sirve, creo yo, para examinar la situación de la Rusia actual bajo el mandato de Vladimir Putin. Una lástima que Aleksei German ya no pueda responder a esta y a otras cuestiones.

Qué difícil es ser un Dios no es para todo tipo de público, pero aquellos que decidan aproximarse verán una grandiosa representación de una supuesta Edad Media que nos permite aproximarnos a la barbarie sin salir malheridos.

17
Mar
15

Animus criticandi: Puro vicio (2014)

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Dicen que las novelas del ermitaño escritor norteamericano Thomas Pynchon son inadaptables a la gran pantalla, de hecho, Puro vicio (de ahora en adelante Inherent Vice, me gusta más), el séptimo largometraje de Paul Thomas Anderson, es el segundo filme que lleva al cine una obra de Pynchon y la primera es un docudrama alemán del 2002 basado en El Arcoiris de gravedad (1973), del que hay muy poca información. Con todos estos antecedentes parece que sólo un grandísimo director, fan de la literatura de Pynchon, podría atreverse con Inherent Vice (2009). Segunda aproximación de Paul Thomas Anderson a la comedia, la anterior fue Punch Drunk Love (2003), ganadora en Cannes a mejor guión. Y, también, su segunda adaptación de una novela tras Oil! (1927) de Upton Sinclair para Pozos de ambición (2007)

La película respeta la historia base de la novela: Los Angeles, 1970, en plena decadencia hippie, un detective “fumeta”, Larry “Doc” Sportello (Joaquin Phoenix), recibe la visita de su ex, Shasta Fay (Katherine Waterston), que le pedirá ayuda para encontrar a su amante desaparecido, un acaudalado constructor llamado Mickey Wolfman (Eric Roberts), que trata de reparar todo el mal que ha hecho. A partir de ahí, Sportello, se sumergerá en una trama propia del cine negro.

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Si hay algo por lo que destaca la novela es por su ambientación y el torrente de personajes que circulan por el libro. Thomas Anderson, en cambio, opta por condensar la acción, eliminar lugares y emplazar la historia exclusivamente en la urbe de Los Angeles. No me gusta esta decisión, echo en falta determinados personajes y situaciones que figuran en la obra original, enriqueciéndola, y que podrían haberlo hecho con la película. Ahora bien, comprendo la posición de Thomas Anderson, escapar de la narrativa laberíntica de Pynchon -durante la lectura es fácil perderse si no estás atento- y topar su camino para adaptar Inherent Vice.

Ese camino pasa por los diálogos, en cada escena siempre hay conversaciones entre dos o más personajes, una constante de su cine, la mayoría filmados con primeros planos muy similar al estilo que empleó en The Master (2012), un claro homenaje al cine negro americano de los años 40 y 50. El problema viene cuando esos diálogos no siempre logran captar mi atención. Ni siquiera el humor patético y absurdo, que bebe directemante de la novela, se libra de esa irregularidad mediante momentos ligeramente forzados.

Estamos en los 70, la ola hippie ha terminado pero los personajes continúan viviendo esa resaca, se resisten a renunciar al movimiento que aspiraba a cambiar la sociedad. Sportello, a medida que va avanzando en el caso, si es que se produce, se topará con la verdadera situación que atraviesa el país: movimientos antidemocráticos impulsados por el gobierno, el capitalismo salvaje y la construcción descontrolada, el oscuro negocio de las drogas,… La decadencia está reflejada en la película aunque de una manera menos directa que en la obra de Pynchon, repleta de profusas descripciones. Gracias a la fantástica fotografía en celuloide de Robert Elswit, suavizada por la iluminación del océano o planos a contraluz que le proporciona el tono de fotografía casi velada, permite, por otro lado, transmitir cierto aire alucinatorio.

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La música juega su papel, canciones krautrock, sin temas reconocibles de los setenta, salvo Wonderful World de Sam Cooke (es de 1960) y una partitura minimalista con toques jazz a cargo de Jonny Greenwood. Son elementos que, todos juntos, remarcan la muerte de una época que pudo ser y no fue, otrora llena de vida, psicodelia y sonidos.

Respecto a los personajes y dejando de lado que todo el reparto escogido es excelso, no podía ser de otra manera tratándose de una película de Thomas Anderson; es aquí donde está su aspecto más negativo, la corta presencia en pantalla de muchos  secundarios: Sloane, la mujer del constructor desaparecido, Sauncho, amigo y abogado de Sportello, Hope Harlingen,… No me facilita llegar a al mismo nivel de empatía que, por otra parte, sí que se logra con la novela.

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Realizando una valoración global, incluyendo toda la obra de Thomas Anderson, la considero una película interesante y menor en comparación con sus grandes creaciones como Boogie Nights (1997), Magnolia (1999), Pozos de ambición o The Master.

Me da la sensación de que este tipo de cine lo realiza por una razón. Por ejemplo, después de lo enorme y maravillosa que es Magnolia llegó Punch Drunk Love, amada y odiada a partes iguales, pero sin duda una obra pequeña. Aquí estamos ante una situación similar, en 2012 finaliza The Master, abrumadora, compleja tanto de puesta en escena como de conceptualización, y ahora nos ofrece esta adaptación como desahogo o un pequeño cambio de aires momentáneo, espero que sea así, momentáneo.