Posts Tagged ‘cinéfila

29
Nov
18

Recomendación cinéfila: Utu (1983)

Tras un largo tiempo de ausencia, estoy de vuelta y para este regreso lo hago con una nueva una recomendación cinéfila, una sección a la que me gusta regresar de vez en cuando porque me permite hablar sobre películas que pasan desapercibidas, olvidadas por el paso del tiempo, castigadas por la crítica o simplemente, ya a un nivel personal, porque me gustan y merecen más reconocimiento. Esta vez le toca el turno a Utu (1983) considerada, con el visto de bueno de Tarantino, la mejor película neozelandesa de su historia.

Nueva Zelanda, 1870 un grupo de soldados británicos masacran un poblado de pacíficos granjeros maoríes. El nativo Te Wheke es el guía de un batallón inglés que se cruza con el escenario de la matanza. Esta situación le hará reaccionar de forma violenta frente a los británicos e iniciar su propia venganza contra el coronel al mando de esas carnicerías. Así comienza Utu, directa y sin adornos.

Utu conserva algunos de los códigos más habituales del western: venganza, violencia salvaje e implacable, naturaleza inhóspita, conflictos con los nativos,… pero la ambigüedad de todos los personajes junto a algunos aspectos de la narración y del guión, hace que esa etiqueta se quede corta. Por ejemplo, Te Wheke apela a su espíritu de guerrero maorí para consumar la venganza con una determinación que afecta a todos los personajes de la historia ocasionando una espiral de violencia y locura a su paso.

Geoff Murphy, el director, sitúa el grueso de la acción en escenarios naturales como valles, colinas, prados, bosques, rocas, poblados… Fotografiada de una forma muy naturalista lo que añade crudeza y que recuerda, por momentos, a Aguirre: la cólera de Dios (1972) de Herzog. Además, Utu es un filme deudor de su época, no en vano fue estrenada en los 80, y de ahí la violencia que puebla la historia, excesos durante las escenas de acción o cambios bruscos en el tono de la historia. Al contrario de lo que se pueda pensar, ni mucho menos afecta al conjunto, sino que lo enriquece.

Si la venganza contra los imperialistas, los paisajes neozelandeses, una realización cinematográfica impecable y contundente no son motivos suficientes para que veáis Utu, entonces quedaos con vuestros tibios superhéroes porque yo ya no quiero saber nada de este mundo.

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19
Mar
15

Recomendación cinéfila: Canciones del segundo piso

Hay grandes películas, buenas, malas y pésimas o lamentables, pero Canciones del segundo piso (2000) es otra historia. Algo diferente, tras el primer minuto uno se da cuenta de que está ante algo especial, una nueva manera de narrar cine.

El sueco Roy Andersson (1943) es el veterano director de esta obra singular y, además, reciente ganador del Festival de Venecia por Una paloma sentada en una rama preguntándose por la existencia (2014), que cierra su trilogía, comenzada por Canciones… y seguida por La comedia de la vida (2007), todas engloban su particula lenguaje fílmico.

La filmografía de Roy Andersson no se puede calificar de prolífica, a pesar de tener 71 años solamente cuenta con 5 largometrajes. Tras alcanzar reconocimiento mundial -bautizado como el nuevo Ingmar Bergman– con su ópera prima, Una historia sueca de amor (1970), pasarían 5 años hasta el estreno de su segundo largo, Giliap (1975), un rotundo fracaso de taquilla por lo que Andersson no volvería a dirigir una película -se convirtió en un prestigioso realizador de spots- hasta el 2000, año del filme que nos ocupa y que convirtió a Roy Andersson en uno de los cineastas más creativos del panorama actual.

Podría incluir una sinopsis pero Canciones… prescinde de toda narrativa cinematográfica tradicional, no hay protagonistas ni antagonistas, ni giros de guión o resolución de la trama. Tampoco existe la edición habitual de plano-contraplano, sino que la cámara se sitúa frente a la escena en un plano general estático, y hace que los personajes entren y salgan del cuadro. Cuadros con decorados construidos, la mayoría, desde cero, falseando la profundidad de campo gracias al “trampe l´oeil”, un recurso propio de Meliès y de los albores del cine. Cada escena, o mejor dicho, decorado, funciona al mismo nivel que si observásemos viñetas entretejidas unas con otras, lo que significa que el espectador no sabe hacia dónde será guiado a continuación.

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Los diálogos son una mezcla de trivialidades sin sentido propias de la vida cotidiana con escuetas afirmaciones existencialistas. Gracias a estos se observan las preocupaciones filosóficas de Andersson y que son comunes al resto de sus trabajos fílmicos: el estado de la humanidad, la indeferencia, la capacidad del hombre para el conflicto, la crueldad y el genocidio o la fragilidad humana.

Y los actores, otro sello del director sueco, emplea casi de manera exclusiva a intérpretes amateurs. Se debe a la consideración que tiene de los actores profesionales, cree que están demasiado pulidos o son excesivamente conscientes de sus gestos y de las frases. Además, apenas hay diferencias entre personajes, todos visten de manera similar y llevan el rostro pintado de blanco, aspectos que se relacionan con los intereses de Andersson: señalar que sus personajes se encuentran al mismo nivel, unidos como humanidad. Hay que sumarle una meticulosa y perfecta puesta en escena, diálogos torpes e interpretaciones hiératicas logrando un efecto de extraña espontaneidad.

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Con todos estos elementos juntos, Canciones…, también se convierte en una grandiosa comedia, por eso lo único que puedo hacer desde aquí es impulsaros a ver y disfrutar esta película.

 

Y para terminar os dejo con un cortometraje del propio Andersson, World of Glory (1991), -considerado como uno de los mejores de la historia- que podría dar lugar a un profundo análisis sobre el papel moral del cineasta. (Activad subtítulos).