Posts Tagged ‘Andrei Tarkovsky

10
Feb
16

Animus criticandi: The Revenant (2015)

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Hace un año, más o menos, Birdman (2014) mostraba el excelente momento creativo de Alejandro González Iñárritu, certificado por cuatro Oscars (mejor fotografía, guión, director y película) y se intuía un apasionante futuro de nuevos proyectos, pues bien, su nueva película no hace sino dejar claro que en Hollywood, actualmente, hay muy pocos como él.

Antes de comenzar cualquier análisis conviene decir que, tras ver toda la filmografía del director mexicano, The Revenant ofrece las señas de identidad más importantes de su cine, por ejemplo el sufrimiento humano (explorado ampliamente en Amores Perros, 21 Gramos, Babel  o Biutiful) así como la pericia técnica desplegada en Birdman con el serio respaldo de Emmanuel Lubezki, por lo que rompe definitivamente con esa imagen feísta de sus primeros trabajos.

Desde mucho antes del estreno de The Revenant se sabía que el argumento no iba a ser el más original del mundo: Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador, y su hijo mestizo participan en una expedición de tramperos a la búsqueda de pieles, hasta que el ataque de una osa le deja gravemente malherido y en su agonía es abandonado por su compañero John Fitzgerald (Tom Hardy), el dolor y las ansias de venganza le permitirán sobrevivir para consumar su objetivo. Huelga decir que ahí no está su genialidad, esta reside en la aproximación a la acción, visceral y sin concesiones, haciendo el uso más inteligente de los efectos digitales y visuales que he visto en mucho tiempo. Al igual que en Birdman la cámara navega entre las escenas perfectamente coreografiadas realizando complejísimos movimientos: planos secuencia, travellings, grandes planos generales y primerísimos planos de los actores, esto último añade una sensación de tridimensionalidad y cercanía redondeada por dos interpretaciones magistrales a cargo de DiCaprio y Hardy que confluyen en un desenlace maravilloso.

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En medio de tanta dureza hay espacio para momentos líricos llenos de carga simbólica que homenajean a Andrei Tarkovsky o Terrence Malick. Curiosamente, debido a la naturaleza de la narración, estos momentos podrían no haber funcionado pero están escogidos con precisión y surgen desde los recuerdos, alucinaciones o ensoñaciones del protagonista por lo que tienen sentido dentro del conjunto de la película.

THE REVENANT Copyright © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation. All rights reserved. THE REVENANT Motion Picture Copyright © 2015 Regency Entertainment (USA), Inc. and Monarchy Enterprises S.a.r.l. All rights reserved.Not for sale or duplication.

Si a través de la realización y las interpretaciones logra sumergirte en ese sufrimiento, seguro que si no hubiese sido filmada en remotos parajes naturales el resultado hubiese sido muy diferente. The Revenant recupera la tradición que Hollywood desterró tras esa generación de cineastas que revitalizó a una industria moribunda, hablo de Michael Cimino, Francis Ford Coppola, William Friedkin, etc. Y me refiero a esos complejos rodajes en exteriores con poco control donde se obtienen unos enormes beneficios a nivel artístico.

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Si no lo había hecho con anterioridad ahora no hay dudas, Emmannuel Lubezki, el director de fotografía, entra de lleno en la historia del cine, así de simple, la belleza de las imágenes iluminadas exclusivamente por la luz natural hace que el cine digital dé un paso adelante uniendo el enorme grado de detalle, que se obtiene con las nuevas cámaras, al innegable logro estético que supone. Hay más magia en un diálogo entre dos personajes a la luz de una hoguera que en cualquier blockbuster reciente inflado de efectos digitales.

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Y ya para terminar, me gustaría hacer un comentario sobre la valoración común de las críticas menos favorables hacia The Revenant, en ellas se dice que es una película con una factura técnica brillante y de bellas imágenes pero que no logra contagiar emoción, sin duda un argumento inútil para valorar una película, emplear una cualidad tan subjetiva con la intención de no profundizar más en las causas de por qué el filme no gusta demuestra una dejadez preocupante. Mi consejo es que no les hagan caso y vayan a verla.

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10
May
15

Animus criticandi: Qué difícil es ser un Dios (2013)

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La obra homónima de los hermanos Arkadi y Boris Strugasky -también autores de la novela Picnic al borde del camino, adaptada libremente por Andei Tarkosvky en Stalker (1979) . Le sirve  al fallecido Aleksei German, después de trece años de creación, para estrenar de manera póstuma una obra durísima sobre la tiranía y lo peor de la condición humana.

La película se ambienta en el planeta Arkanar, cuya sociedad está anclada en un periodo histórico similar a nuestra Edad Media. Un lugar donde reina la tiranía, la insalubridad, las injusticias; en definitiva, lo más abyecto. Allí está Don Rumata, uno de los científicos terrícolas que han sido enviados al planeta como observadores imparciales durante la evolución de la sociedad hacia su “particular” Renacimiento. Mientras, Rumata está considerado por muchos como el hijo de Dios, no todos creen en él pero le temen de igual manera.

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Construida mediante largos planos secuencia, Aleksei German, nos lleva a rastras al hediondo fango del planeta Arkanar. La imagen, en un fuerte y constrastado blanco y negro, está en constante movimiento gracias a una cámara libre -como si de un reportaje se tratase-  que circula entre los primerísimos planos de la maraña de los caóticos personajes que pueblan cada escena. Imágenes captadas con grandes angulares que acerca, casi físicamente, ese inframundo. El sonido, grabado previamente en estudio, juega un papel muy importante, conformando un collage de chapoteos, golpes metálicos, lluvia, fuego, sonidos orgánicos, etc.

German logra una película hipnótica durante sus casi tres horas, una experiencia que mejora en pantalla grande. No es necesario el 3D para impregnarte del ambiente, basta con el constante acompañamiento que realiza la cámara a Don Rumata, o los personajes que pululan por las escenas, lanzando constantes miradas cómplices a la cámara como si el director quisiese instar al espectador a reflexionar sobre el terrible espectáculo que está observando.

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Desde aquí, sólo puedo alabar la valiente y extrema puesta en escena, terriblemente cruda: grandes decorados de inspiración medieval, empapados de agua y deteriorados; cuidados hasta al más mínimo detalle. Además, cada secuencia está perfectamente coreografiada, a medida que la cámara se mueve, numerosos personajes entran y salen de plano, o simplemente mientras la escena avanza, el resto de extras o figurantes cruzan delante de la cámara. Una composción de secuencias que recuerda a las pinturas de Peter Brueghel “El Viejo” con la imaginería grotesca de El Bosco.

Esa puesta en escena tiene otra inspiración muy evidente, Andrei Tarkovsky. La presencia constante de los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego) y la época en la que se ambienta, sumado al uso que hace del blanco y negro, nos retrotrae al siglo XV de la grandiosa Andrei Rublev (1966). Y es que la obra de Tarkovsky fue demasiado grande como para no influir a los cineastas rusos, tanto sus contemporáneos, el caso del fallecido German, como de los venideros.

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En 1964, año del lanzamiento de la novela. Los Strugasky realizaban una crítica al estalinismo -los dos autores, sobre todo Arkadi, vivieron de cerca ese periodo- La obra original ejecutaba un paralelismo entre la oscuridad de ambas épocas: la Edad Media y las persecuciones durante el estalinismo. Ahora, cincuenta años después, la película, que conserva la misma carga de crítica política, religiosa y social, sirve, creo yo, para examinar la situación de la Rusia actual bajo el mandato de Vladimir Putin. Una lástima que Aleksei German ya no pueda responder a esta y a otras cuestiones.

Qué difícil es ser un Dios no es para todo tipo de público, pero aquellos que decidan aproximarse verán una grandiosa representación de una supuesta Edad Media que nos permite aproximarnos a la barbarie sin salir malheridos.