Archive for the 'Crítica' Category

18
Oct
19

Animus criticandi: Joker (2019)

“La película más peligrosa del año”. Cualquiera que siguiese comentarios, opiniones o artículos a través de redes sociales vería que esta última versión cinematográfica del Joker traía una polémica, estéril si la repasamos tras su estreno, relativa a una probable influencia negativa en determinado tipo de público; grupos de inadaptados cercanos ideológicamente a la extrema derecha capaces de tomar esta película como un acicate para cometer matanzas u otro tipo de crimen supuestamente liberadores para estas personas. En fin, ya se ha estrenado en todos los cines y el mundo sigue igual que antes, aunque hay algo que, bajo mi punto de vista, ya no va a ser lo mismo. Me refiero a las nuevas adaptaciones que se realicen sobre los universos de, principalmente, Marvel y DC, surgidos a la sombra del Joker.

Algunas críticas apenas lo mencionan, o directamente no lo hacen, y es que estamos frente a una cinta ganadora del León de Oro en Venecia lo que la sitúa en el mismo palmarés que, por ejemplo, El año pasado en Marienbad (1961), La Batalla de Argel (1966), Atlantic City (1980) o El Regreso (2003). Insisto en la necesidad de resaltar este logro porque, más allá de las virtudes y características del propio film que van a impulsar una “experimentación” o tratamientos similares a lo que ha hecho Todd Philips con el Joker, añade un prestigio del que carecían las adaptaciones de superhéroes y villanos de los tebeos. Por supuesto no vamos a ser románticos, porque el prestigio y los premios están muy bien pero la que manda es la taquilla y ésta está funcionando de maravilla para la Warner.

La decisión más inteligente que toma un sorprendente Todd Philips, para construir la historia y el viaje del personaje, es la de ambientar toda la película en una Gotham sucia, claustrofóbica y al borde del colapso socio-económico. A partir de ahí lo que le ocurre a Arthur Fleck es el resultado de la lucha día a día, en ese contexto tan difícil, mientras lidia con su delicada salud mental hasta la caída definitiva en la demencia más absoluta.

Hay otro pilar fundamental en el que se apoya y es la interpretación de Joaquin Phoenix, capaz de reír y llorar a la vez. No se trata solamente del aspecto físico extremadamente delgado y demacrado, ni tampoco la risa diabólica que incorpora al personaje, sino a través de miradas en primer plano construye un personaje roto y lleno de traumas irreparables. No sé qué ocurrirá de aquí a las temporadas de premios pero en estos momentos es el candidato más claro para la estatuilla a mejor actor. Tampoco podemos desmerecer la labor de Todd Philips, pese a contar con una filmografía que no invitaba al optimismo, ha demostrada una tremenda personalidad y determinación pera llevar a cabo este proyecto.

No es perfecta, tampoco lo pretende, es más, no le importa llevar situaciones y escenas al límite con decisiones que pueden no satisfacer a todos, pero ahí reside parte de su encanto. Joker es un triunfo como una deconstrucción de referentes, Taxi Driver o El Rey de la Comedia como los más destacables, y de los elementos prestados que conforman el universo de Batman: Gotham, Thomas y Bruce Wayne, el propio Arthur Fleck,… Huye de los principales lugares comunes ya narrados en anteriores adaptaciones y ofrece algo nuevo, incómodo y, sí, se presenta como alternativa al modelo imperante de Marvel/Disney. Si las licencias de Warner/DC quieren triunfar deberían seguir este camino.

17
Oct
19

Animus criticandi: Gemini Man (2019)

Tony Scott, Mel Gibson, Andrew Niccol o Arnold Schwarzenegger fueron algunos de los nombres vinculados inicialmente a Gemini Man, cuyo guión original se remonta a 1997. Tras más de dos décadas después y con la ayuda de Ang Lee y Will Smith, Jerry Bruckheimer da luz verde al proyecto incorporando la tecnología más avanzada disponible. Se podría pensar que ese tiempo ha servido para dotar de cuerpo a un guión en barbecho durante tanto tiempo, pero nada más lejos de la realidad, argumentalmente Gemini Man parece salida de la cartelera de 1997, y no lo digo como elogio.

Estamos ante un rutinario thriller de acción, pastiche de películas realizadas entre los 90 y principios del 2000. Will Smith es un infalible asesino a sueldo que decide retirarse, mientras los remordimientos crecen en su interior, hasta que la agencia para la que trabajaba inicia una caza para acabar con él, pero en esta ocasión su clon de 23 años tendrá que realizar el trabajo. Diálogos, personajes y situaciones previsibles sobre temas que ya hemos visto en otras cintas, con resultados dispares; la saga de Jason Bourne, o los problemas éticos de la clonación en El sexto día (2000), por nombrar algunos.

Siendo justos, conviene destacar la notable puesta en escena y ejecución técnica durante las secuencias de acción, no en vano en los créditos figura alguien tan contrastado como Ang Lee junto a los especialistas de la saga John Wick, Aunque Gemini Man donde de verdad transciende a una experiencia propia de los mejores parques temáticos es a través de su proyección en 3D. Aporta un valor añadido capaz de mejorar sustancialmente una película abocada al fracaso. Reconozco que si la hubiese visto en 2D no habría nada que salvase a Gemini Man.

Ang Lee lleva desde 2013, año de estreno de La vida de Pi, apostando por el formato 3D y sus posibilidades narrativas con diferentes géneros. Billy Lynn (2016) fue el punto de partida para lanzar la tecnología HFR 3D (High Frame Rate/Alta Tasa de Frames), impulsada por Douglas Trumbull una eminencia de los efectos visuales, que supera los 25 fps, el estándar del cine, hasta los 120 fps con la intención de reducir parpadeos y artefactos que produce el visionado 3D.

He tenido la oportunidad de ver Gemini Man con esta tecnología (a pesar de estar limitada a 60 fps) y la experiencia merece la pena. Sentarse delante de una pantalla enorme donde todos los elementos transmiten una sensación de profundidad y fluidez real mientras los personajes avanzan, saltan, pelean, disparan,.. Todo lo que no se disfrute así es una pérdida de tiempo y dinero.

03
Ago
17

Animus criticandi: La Guerra del Planeta de los Simios

¿Cuáles son los ingredientes que debe tener un buen entretenimiento fílmico de calidad? Un guión medianamente sólido, protagonistas carismáticos, momentos de tensión o coreografías de acción y espectáculo acompañado por unos elevados valores de producción y envuelto en una narración visual contundente. Grosso modo estos podrían conformar los atributos más destacables para que una película comercial sobresalga sobre la media de blockbusters estrenados a lo largo de un año. La Guerra del Planeta de los Simios, por fortuna, respeta algunos de estos elementos.

El simio César (Andy Serkis), tras erigirse líder de la rebelión primate y salvar a su pueblo de la destrucción, ha convertido a los simios en la especie dominante tras el virus que exterminó a la raza humana. Los primates decidirán partir de su asentamiento en los bosque a la búsqueda de un lejano valle donde comenzar de nuevo. Pero antes, César, cegado por el odio y la venganza, saldrá a la caza de un enajenado y brutal Coronel (Woody Harrelson) de la facción más radical de la resistencia humana, su enfrentamiento tendrá lugar mientras la raza humana y los primates se juegan su futuro.

Estamos ante un buen cierre para una saga que, personalmente, resultó una sorpresa allá por el 2011 con El Origen del Planeta de los Simios. Muchos destacaban los valores técnicos, pero sus bondades, bajo mi prisma, eran mucho mayores, como un guión bien construido, el nacimiento de un excelente personaje como César y contado sin recurrir a los clichés del blockbuster. Tras el éxito de la primera película, vimos en El Amanecer del Planeta de los Simios (2014) como el frágil equilibrio entre los simios y humanos se destruía sin vuelta atrás, película que apostó por una mayor factura técnica.

Esta trilogía que retoma el universo de El Planeta de los Simios se ha convertido en una saga muy estimable, digna y respetuosa también con el material fílmico de Franklin J. Schaffner. Una rareza que durante su desarrollo no se haya pervertido.

El artífice de este cierre, y de la anterior entrega, es Matt Reeves, curtido como guionista para la productora de J.J. Abrams, se destapó como un realizador a seguir con la estimulante Monstruoso (2008), su segundo largometraje. En La Guerra del Planeta de los Simios demuestra capacidad para dominar la espectacularidad de la acción con otros más íntimos construidos sin diálogos (el primer encuentro entre el orangután Maurice y la niña que les acompañará sirve como ejemplo). Además, se permite referenciar a La Gran Evasión o Apocalypse Now, con más en común con esta última.

Nunca me convenció, a nivel visual y técnico, El Origen del Planeta de los Simios, se veían limitaciones principalmente en la integración de la captura de movimiento junto con los escenarios reales o el detalle de los simios. La Guerra del Planeta de los Simios, gracias a la experiencia adquirida por Andy Serkis, convertido en experto y referencia mundial en captura de movimiento, y a Weta Digital, supone un salto hacia delante a nivel tecnológico. A pesar de una abundante presencia de elementos generados por ordenador no llega a ser intrusiva o excesiva.

Cuando llega el momento de poner sobre la mesa lo menos bueno de La Guerra del Planeta de los Simios, entramos en las deficiencias de las películas comerciales, aquí hay puntos en común con los blockbusters habituales en las carteleras. Escenas alargadas de forma totalmente innecesaria cuando en esta historia no hay tanto que contar; centrándonos en el guión, vemos concesiones al espectador, acciones que parecen sacadas de la manga (la niña entrando en el campamento de los militares) o efectismos propios de este tipo de producciones.

Dicho esto, La Guerra de el Planeta de los Simios supera el corte y es digna como para pagar una entrada y disfrutarla en una sala de cine.

23
Jul
17

Animus Criticandi: Dunkirk (2017)

 

Cada nueva película de Chistopher Nolan se convierte en un evento global. Mientras otros directores o guionistas luchan por encontrar financiación para sus historias, Nolan se basta él solo para producir sus películas y, si le apetece, emplear un método de grabación tan exclusivo y específico como el IMAX.

Muy pocos directores, en un ámbito comercial, han alcanzaron tal repercusión en tiempos recientes, quizás Spielberg o Tarantino, son capaces de convertirse en el foco de atención de sus películas, al igual que Nolan.

Tras el viaje Interestelar (aquí la crítica), Nolan regresa a la Tierra para ambientar en la Segunda Guerra Mundial un thriller bélico durante la semana que las tropas británicas quedaron atrapadas en la playa de Dunquerke a merced de los bombardeos de la aviación alemana y sin posibilidad de retorno. La narración para este hecho histórico que propone Nolan se construye en tres capítulos identificados al comienzo del filme: la infantería atrapada en la playa de Dunquerke, los civiles que acuden al rescate por mar y la lucha de la RAF en el aire contra los bombarderos nazis.

La acción se desarrolla a lo largo de los tres capítulos mediante una estructura fragmentada. Cada uno tiene su propio desarrollo temporal lo que le permite a Nolan jugar con una de su señas de identidad predilectas, saltos temporales a través del montaje paralelo. Pero hay una diferencia relevante que diferencia a Dunkirk de sus obras anteriores y es la falta de explicaciones desaparecen casi por completo los diálogos expositivos de las reglas del juego narrativas  porque la construcción de la historia y el carácter de la misma lo impiden, deja que fluya la narración; apenas importa el pasado de los personajes, solamente preocupa sobrevivir y regresar a Inglaterra.

El guión, escrito por el propio Nolan, es uno de los más sólidos de su filmografía en mucho tiempo. Poco se podría discutir sobre si existen decisiones erróneas, controvertidas o evidentes agujeros de guión, porque funciona como una maquinaria perfecta dentro de la propuesta que realiza.  Desprovista de intenciones grandilocuentes o transcendentales, Dunkirk sitúa al espectador frente a la supervivencia de la infantería en la playa, las batallas aéreas con los Spitfires dando caza a los aviones nazis y junto los civiles que cruzaron el canal para rescatar a los soldados.

Todos estos elementos se conjugan en pantalla con una puesta en escena irreprochable, que demuestra la predilección que tiene Nolan por filmar toda la acción posible en cámara, sin añadidos digitales. Vemos como las explosiones, el hundimiento de los barcos, los soldados escapando en el mar, la lucha aérea, etc. todo ello parte de escenarios y elementos reales. Además, sumado a la dificultad técnica y logística intrínseca de esta decisión, el grueso de Dunkirk se captó con cámaras IMAX, tremendamente voluminosas y que dificultan los movimientos de cámara. El trabajo ejecutado por Hoyte Van Hoytema, el director de fotografía y las composiciones de imagen ideadas por Nolan, omiten cualquier atisbo de pesadez en el aspecto visual. Una lástima no tener la oportunidad de disfrutarla en IMAX para contemplar en todo su esplendor las enormes panorámicas generales de los soldados en la playa o de los combates aéreos.

Tras todo esto, cuando termina la película, uno no puede negar que ha disfrutado de la acción y de la propuesta bélica fragmentada de Nolan, es una buena película pero más allá de ello me deja algo frío. Me explico. Si comparamos Dunkirk con Interestelar, a pesar de su comienzo, siendo sinceros, infumable y decisiones cuestionables hacia el epílogo del filme, a nivel personal me entusiasmó más que Dunkirk. Reconozco que esta decisión viene motivada por la elección del tema para a película, un suceso histórico de la manida Segunda Guerra Mundial cuyo final, además, es bien conocido, no permite tanto margen de giros y sorpresas que sí se podría dar en un episodio desconocido o en una historia original.

Viajes interestelares sobre teorías astrofísicas frente a reconstrucciones de episodios célebres en la Segunda Guerra Mundial, francamente yo me decanto por lo primero.

Dicho esto, Dunkirk parece que se va a convertir en la película que encumbre a Nolan, todavía más, aunque en esta ocasión con una unanimidad crítica y de público que no había visto en sus obras anteriores.

 

02
May
17

Animus criticandi: La Bruja (2015)

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Muchos espectadores se sentirán defraudados y/o engañados tras el visionado de La Bruja, es lógico, tantos filmes que formulan narraciones convencionales adscritas a los códigos del terror ha provocado que el espectador medio se acomode a una forma de cine previsible rechazando cualquier otra propuesta que se aparte de las narrativas o argumentos que pueblan las carteleras. Directamente son incapaces de soportar una película que con una realización sencilla (que no simple) y sin artificios narra una leyenda alejada de cualquier tópico del género de terror y la fantasía para acercarse al drama psicológico.

La Bruja ambienta su historia en la Nueva Inglaterra del XVII y narra la historia de una familia de puritanos ingleses que son expulsados, por conflictos religiosos, de la colonia donde habitan. A partir de ahí deciden instalarse en una remota granja situada frente a un imponente bosque donde reside un mal desconocido. Sucesos extraños comenzarán a tomar parte en la historia y pondrán a prueba la inquebrantable fe de la familia.

La película no pretende jugar con el espectador ni crear misterio sobre qué reside en el bosque, desde los primeros minutos ya sabemos qué ocurre. El director sitúa el foco dramático y el grueso de la historia en cómo los sucesos extraños: la desaparición del bebé, las cosechas perdidas, el comportamiento de los animales,… todo dispara la paranoia de una religiosa familia donde su fe trata de encontrar explicación a estos hechos. Mientras, el principal blanco de la paranoia, será su hija, una incipiente adolescente.

Uno de los aspectos más brillantes de La Bruja, al menos para el que escribe,  se encuentra en la capacidad del director para enmarcar los sucesos paranormales dentro de la cotidianidad de su vida diaria, uno de los factores que hace destacar a La Bruja por encima del resto de cintas de terror americano. La solución planteada por el director entronca con las numerosas críticas en prensa y publicaciones especializadas que encuentran relación entre La Bruja y el cine de Michael Haneke. Podría parecer exagerado pero nada más lejos de la realidad, La Bruja, al igual que las películas de Haneke, ofrece un ambiente crudo y una aproximación hacia el mal y sus consecuencias.

En el caso de La Bruja, un mal desconocido de carácter paranormal hace brotar los reproches, las mentiras y, en definitiva, como en la obra de Haneke, el miedo. Y Robert Eggers, el director, huye de cualquier efectismo o concesión en la reconstrucción la durísima vida diaria de los puritanos ingleses del siglo XVII. La suma de una realización sobria, heredera del estilo europeo, acompañado por una cinematografía naturalista dominada por tonos apagados, un excelente casting y dirección artística, logran transmitir un ambiente malsano y desasosegante.

Pero más allá de la atmósfera recreada y otros excelentes valores puramente cinematográficos, La Bruja es una brillante reconstrucción sobre el papel de las leyendas a modo de elemento fundamental capaz de dar sentido a sucesos inexplicables ocurridos lejos de los espacios geográficos conocidos, como en este caso, los acontecimientos originados en el bosque que rodea su granja. Así, La Bruja funciona como una narración realista de una leyenda sobre brujas y, por otro lado, ilustra el verdadero sentido del folclore como una vía para interpretar la realidad.

07
Mar
16

Animus criticandi: ¡Ave César! (2016)

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Tras Inside Llewyn Davis (2013), Joel y Ethan Coen regresan a la comedia con ¡Ave César! ambientada en el Hollywood de los años 50, en la Edad de Oro de los estudios, mientras se rueda una superproducción sobre la vida de Cristo protagonizada por la gran estrella Baird Whitlock (George Clooney) hasta que esta es secuestrada. A partir de aquí seguiremos las frenéticas 24 horas de Eddie Mannix (Josh Brolin), el solucionador del estudio y hombre profundamente religioso, encargado de que la producción llegue a buen puerto, además de lidiar con los problemas que surgen en el resto de rodajes llevados a cabo por Capitol Pictures, los que recuerden Barton Fink (1991) les sonará este nombre.

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¿Quién es Dios? Esta es la pregunta que Eddie Mannix lanza al consejo formado por la cúpula de los cuatro credos mas representativos para la sociedad americana. La idea de esa reunión es conocer si en el guión de ¡Ave César! se encuentran elementos erróneos sobre la representación de Cristo en la pantalla y  si es posible llegar a una conclusión unánime sobre su figura. La situación derivará en una discusión sobre qué representa el Mesías para cada religión con los diálogos marca de la casa cargados de sátira y fina ironía. Este ejemplo marca el tono de toda la película, la apuesta por el humor a base de ingenio y las dobles lecturas frente a la carcajada del gag, como sí ocurría en sus anteriores comedias: Crueldad Intolerable (2003), Ladykillers (2004) o Quemar después de leer (2008), por supuesto, no descuidan las situaciones estrepitosas y casi surrealistas que siempre han dominado sus comedias.

En el desarrollo de la historia principal, la búsqueda de la estrella secuestrada, surgen subtramas donde los secundarios se enfrentan a las dificultades surgidas durante las filmaciones, permitiendo a los Coen reconstruir de forma paródica el comportamiento de los estudios y de sus estrellas. Por ejemplo Ralph Fiennes que encarna a Laurence Laurentz, un afamado director de dramas, que deberá soportar, por exigencia del estudio, a la estrella de los westerns Hobbie Doyle (Alden Ehrenreich) un actor incapaz de articular correctamente una línea de diálogo o DeeAnna Moran (Scarlett Johansson) la cual tendrá un problema con su embarazo por su condición de mujer soltera.

Los Coen no se centran exclusivamente en los comportamientos de las estrellas, esa parodia llega inclusive hasta las propias películas. La superproducción de romanos protagonizada por Baird Whitlock tiene a Ben-Hur (1959) como referencia más directa, Hobbie Doyle protagoniza westerns que homenajean a la serie de El Llanero Solitario  y a los westerns en color de John Ford, también las películas acuáticas de Esther Williams y los musicales de Gene Kelly. Lo mejor de esas recreaciones es el elevado grado de detalle para que resulten lo más fieles posibles. Un ejemplo muy claro lo tenemos al comienzo de la película, en el rodaje de ¡Ave César! la iluminación dispuesta en el set de rodaje, que incluso un plano nos deja ver los focos, hace que sea un calco perfecto de la fotografía original que tenían muchas de las películas de romanos, la mencionada Ben-Hur, Quo Vadis (1951), Espartaco (1960) o La túnica sagrada (1953).

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Esa representación que realizan los Coen sobre los estudios y Hollywood es también un lugar donde las estrellas ocultan comportamientos, sexuales o políticos, considerados en la época indecentes y/o ilegales como la homosexualidad o el comunismo. Un exquisito e intencionadamente hortera número musical, protagonizado por un sorprendente Channing Tatum, caricaturiza la homosexualidad latente que existía en esos bailes y canciones. Por otro lado la causa comunista en plena “caza de brujas” tiene un peso clave en el avance de la trama principal, pero me detengo aquí para no realizar más spoilers.

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¡Ave César! tiene un único problema y es la sensación de levedad e intrascendencia que transmite una vez terminada la película, a pesar de tratar temas de calado y narrarlo con la maestría habitual. Bajo mi punto de vista, el causante puede estar en la propia concepción del filme y que provoca esa sensación tras su visionado, porque no estamos ante un fallo de guión o unos personajes planos.

Como consecuencia debemos dejar a ¡Ave César! fuera de las otras grandes películas de los hermanos Coen.

 

 

 

10
Feb
16

Animus criticandi: The Revenant (2015)

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Hace un año, más o menos, Birdman (2014) mostraba el excelente momento creativo de Alejandro González Iñárritu, certificado por cuatro Oscars (mejor fotografía, guión, director y película) y se intuía un apasionante futuro de nuevos proyectos, pues bien, su nueva película no hace sino dejar claro que en Hollywood, actualmente, hay muy pocos como él.

Antes de comenzar cualquier análisis conviene decir que, tras ver toda la filmografía del director mexicano, The Revenant ofrece las señas de identidad más importantes de su cine, por ejemplo el sufrimiento humano (explorado ampliamente en Amores Perros, 21 Gramos, Babel  o Biutiful) así como la pericia técnica desplegada en Birdman con el serio respaldo de Emmanuel Lubezki, por lo que rompe definitivamente con esa imagen feísta de sus primeros trabajos.

Desde mucho antes del estreno de The Revenant se sabía que el argumento no iba a ser el más original del mundo: Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador, y su hijo mestizo participan en una expedición de tramperos a la búsqueda de pieles, hasta que el ataque de una osa le deja gravemente malherido y en su agonía es abandonado por su compañero John Fitzgerald (Tom Hardy), el dolor y las ansias de venganza le permitirán sobrevivir para consumar su objetivo. Huelga decir que ahí no está su genialidad, esta reside en la aproximación a la acción, visceral y sin concesiones, haciendo el uso más inteligente de los efectos digitales y visuales que he visto en mucho tiempo. Al igual que en Birdman la cámara navega entre las escenas perfectamente coreografiadas realizando complejísimos movimientos: planos secuencia, travellings, grandes planos generales y primerísimos planos de los actores, esto último añade una sensación de tridimensionalidad y cercanía redondeada por dos interpretaciones magistrales a cargo de DiCaprio y Hardy que confluyen en un desenlace maravilloso.

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En medio de tanta dureza hay espacio para momentos líricos llenos de carga simbólica que homenajean a Andrei Tarkovsky o Terrence Malick. Curiosamente, debido a la naturaleza de la narración, estos momentos podrían no haber funcionado pero están escogidos con precisión y surgen desde los recuerdos, alucinaciones o ensoñaciones del protagonista por lo que tienen sentido dentro del conjunto de la película.

THE REVENANT Copyright © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation. All rights reserved. THE REVENANT Motion Picture Copyright © 2015 Regency Entertainment (USA), Inc. and Monarchy Enterprises S.a.r.l. All rights reserved.Not for sale or duplication.

Si a través de la realización y las interpretaciones logra sumergirte en ese sufrimiento, seguro que si no hubiese sido filmada en remotos parajes naturales el resultado hubiese sido muy diferente. The Revenant recupera la tradición que Hollywood desterró tras esa generación de cineastas que revitalizó a una industria moribunda, hablo de Michael Cimino, Francis Ford Coppola, William Friedkin, etc. Y me refiero a esos complejos rodajes en exteriores con poco control donde se obtienen unos enormes beneficios a nivel artístico.

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Si no lo había hecho con anterioridad ahora no hay dudas, Emmannuel Lubezki, el director de fotografía, entra de lleno en la historia del cine, así de simple, la belleza de las imágenes iluminadas exclusivamente por la luz natural hace que el cine digital dé un paso adelante uniendo el enorme grado de detalle, que se obtiene con las nuevas cámaras, al innegable logro estético que supone. Hay más magia en un diálogo entre dos personajes a la luz de una hoguera que en cualquier blockbuster reciente inflado de efectos digitales.

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Y ya para terminar, me gustaría hacer un comentario sobre la valoración común de las críticas menos favorables hacia The Revenant, en ellas se dice que es una película con una factura técnica brillante y de bellas imágenes pero que no logra contagiar emoción, sin duda un argumento inútil para valorar una película, emplear una cualidad tan subjetiva con la intención de no profundizar más en las causas de por qué el filme no gusta demuestra una dejadez preocupante. Mi consejo es que no les hagan caso y vayan a verla.